De estrategia y emociones

emociones y estrategia
de estrategia y emociones

Se dice de la estrategia que es el arte de generar acciones muy meditadas dirigidas a un fin determinado. Y de las emociones, que son reacciones psicofisiológicas cuando percibimos algo o a alguien. Ambas parecen inconexas pero sólo es una percepción.

Porque en realidad, el curso de nuestras estrategias es fruto de nuestras emociones y de las reacciones que nos provocan sobre los hitos del horizonte en que queremos posicionar nuestra empresa o a nosotros mismos.

Muchas empresas, muchas, desconocen por qué el curso de los acontecimientos las ha llevado hasta situaciones críticas donde peligra su integridad como negocio y estructura funcional. En 2014 se disolvieron 21.850 sociedades mercantiles en España lo que nos deja una aproximación de 60 empresas cerradas por día, incluyendo domingos y festivos. Y eso que 2014 fue un «buen año» en cuanto a cierres.

La crisis, los competidores, el mercado saturado, la mala situación económica del comprador o los precios tirados son algunos de los más acudidos justificantes sobre la marcha del negocio. ¿Eso implica que nosotros como propietarios o profesionales que estamos en ella, no tenemos culpa de nada?

Es muy aventurado, soberbio y rancio pensar que me mojo sólo porque llueve, cuando la realidad es que no soy capaz de asumir que voy por la calle sin paraguas. Si se inventaron los paraguas es porque nos era imposible evitar que lloviera y de alguna forma debíamos protegernos de ella, por ello adquirimos conciencia de nuestra posición y entendimos que dependía de nosotros el no mojarnos.

Pero con las empresas seguimos enquistados en que son perfectas sólo porque nosotros las creamos.

En realidad nos queda mucho por aprender de ellas si observamos con conciencia a las emociones y luego cribamos con la lógica. Es un hecho irrenunciable que las emociones van primero y la lógica después, aunque en este día a día tan frenético imaginemos que estamos actuando siempre con lógica. Porque nos enseñaron que la empresa es una cosa muy seria y que hay que dejar las emociones de lado para poder ser profesional.

Siempre me ha llamado la atención el estereotipo de persona que grita a los cuatro vientos «pues yo soy dos personas, una en el trabajo y otra en casa». Más que llamarme la atención diría que me infringe un poco de respeto ya que lo la doble personalidad marcada me suena más a patológico que a un modelo del que enorgullecerse. No hay que divagar, las personas somos personas porque somos emocionales y nuestro «yo profesional» es reflejo fiel de ese «yo personal» moldeado por las emociones.

Alguno de vosotros será cinéfilo de los del detalle, seguro que habréis apreciado que incluso los mejores actores, por muy excelsos que sean en sus interpretaciones, siempre impregnan su papel con parte de su «propio yo», de ahí que con el tiempo acabemos fidelizando al actor y no a ninguno de sus personajes en particular. Incluso en las entrevistas apreciamos acciones de su persona que recordamos de alguno de sus personajes.

Entonces, ¿por qué pensamos que en la empresa tenemos que ser diferentesPero quizás la pregunta debe ser ¿por qué pensamos que en la empresa debemos ser diferentes?

Las empresas basan sus desarrollos en estrategias, enfocando su visión en hitos futuros y definiendo las líneas para llegar a ellos. Pero la estrategia no es aséptica, no son números y ya está. Una estrategia viene flanqueada por aspectos que afectan a toda la organización y, por lógica, a las personas.

¿Qué opináis sobre soñar en empresa? Así escrito suena casi a locura y si la opinión debe darla el propietario de la empresa, los adjetivos pueden salirse del diccionario. Sin embargo, tener un objetivo a futuro es una forma de soñar y de eso van las estrategias y las emociones.

En el post ¿Necesitamos objetivos o necesitamos sueños? se escribe sobre las diferencias entre tener un sueño de empresa y tener un objetivo. ¿O realmente no existe ninguna?.

El hermetismo de las empresas, la dificultad con que se identifican sus necesidades, la intensidad con la que se transmite a los empleados la rigidez con la que deben trabajar y la penalización de la empatía son aspectos vitales en las estrategias de desarrollo de las que no somos conscientes como tales.

Querer desarrollar estrategias sin entender que los participantes son personas en toda su extensión, define a los empresarios arcaicos, propietarios que hibernan sin verano en estructuras antiguas sin percibir que el mundo en el que están no tiene nada que ver con el que creen pisar.

Laurence J. Peter, escritor canadiense del siglo XX dijo «si no sabes donde vas, acabarás en otra parte». Marcar objetivos a plazo sin entender la implicación emocional de los mismos para inducir motivación, se acerca mucho a no saber adónde ir.

Por ello es esencial atender a nuestra marca y a las emociones que es capaz de destilar. Y esa circunstancia lleva marcando distancias en el mundo del marketing desde hace unos años. Al final como casi todo lo que viene de ultramar y después de atravesar el océano, acaba llegando a nuestras empresas y ya lo tenemos aquí. Despacito, casi sin darnos cuenta y con la intención de ayudar a nuestro negocio.

Las empresas necesitan adquirir conciencia de que su ecosistema ha cambiado y necesitan adaptarse al nuevo para poder sobrevivir. Y no, no es metáfora, muchas empresas están cerrando porque no han sabido adaptar sus modelos de negocio a las necesidades y nuevo posicionamiento de los clientes.

Cambiar sólo es contraproducente si no sabemos qué vamos a cambiar y qué vamos a conseguir con el cambio. Si el cambio es voluntario es un valor y si es obligatorio, ya sabemos qué hay, pero en ambos casos necesitamos conocer la salida y la meta. Y nada podemos hacer para impedir el cambio.

Y si no, ¿qué pensáis que es la estrategia?

¿Estáis dispuestos a ser emocionalmente estratégicos?

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